¡Es fatal! Y se los dice alguien que afortunadamente no sufre (o cree no sufrir) trastornos del sueño, que cuando se lo propone se pega a la almohada y un par de minutos le pueden ser suficientes para entrar al mundo de Morfeo. Pero… cuando no es la procrastinación, es la falta de organización, y cuando no es una u otras son ambas más ganas/gusto/voluntad de querer abarcar más de la cuenta, el caso es que me declaró un consumidor depredativo de las horas que al descanso he de dedicar (ya no digamos 8 sino 5 por la noche de corridito) y tarde que temprano termina cobrando factura -yo espero que la mía no vaya más de escribir este post-. Bueno, hace 8 años también cobré factura y mira, simpático que las historias empiezan a construirse de nuevo, desde luego, con sus matices.
Aclaro que lo mío es dormir poco e intermitentemente, diferente a las hazañas de Tony Writght y Randy Gardner (11 días consecutivos sin dormir), lo que también termina minando la trinchera. Y es que lo que más “me choca” es que si bien puedo terminar un día a las 6am y a las 8 estar listo para lo que sigue, invariablemente a las 2pm estaré rendido y tomando una siesta reparadora de hasta 4 horas, que se traduce en “empezar de nuevo el ciclo” despertando a las 6 de la tarde, estirando la jornada hasta las 4-5am, despertar de nuevo en un par de horas, caer rendido a mediodia, tomar una siesta reparadora, blablabla…
Después de un par de semanas bajo este ritmo “semaforesco” (que no es la primera vez que me sucede en la vida pero sí la primera que lo escribo al menos para la autodocumentacuón) puedo señalar 3 síntomas -algunos de ustedes seguro conocen otros- del trastorno duermi-poco-intermitente:
- pérdida de apetito: el desajuste horarial trae como consecuencia directa o indirecta un desplazamiento de las horas habituales de alimentación; retomando el ejemplo de arriba, si llego a casa a las 2pm después de una noche de no dormir antes que querer comer querré dormir y al despertar (6pm) aún teniendo hambre mi cuerpo no me pedirá la alimentación pues a esa hora no lo tengo acostumbrado ni a comer ni a cenar. Así que comes poco para tener apetito a la hora de cena pero como recién comiste preferirás cenar más noche pero cenarás poco porque después batallarás para dormir, y por la mañana como solo tienes un par de horas para empezar el día no te das tiempo de darte un buen almuerzo, y más de tarde blablabla…
- falta de energía: directamente relacionada con disminuir el embuche (léase la ingestión de alimentos). Nada que no se pueda resolver con complementos vitamínicos, barras y bebidas energizantes y los infaltables dulces y chocolates. Pero, ¿hasta dónde estamos dotando con ello de ’combustible ligth’ a nuestro organismo? Además -casos extremos desde luego- puedes estar cerca de trastornos alimenticios (sin buscarlo) pues si 7 días te estuviste alimentando con bocados difícil que el octavo engullas un banquete.
- malhumoramiento: no organizar las horas de sueño y dormir intermitententemente te provoca desde ligeros enojos porque te enfada estar durmiendo en horas aprovechables, te enfada observar como “el mundo” lleva un ritmo y tú otro sui generis y adaptado a tus necesidades momentáneas. Tomarte por lo tanto un tiempo para una práctica social como salir a ver una película por bien que la pases termina dando más fuerza al tsunami en el que ya te has enredado. La tolerancia empieza a caducar y el mal genio aparecerá con distintas manifestaciones según nuestra personalidad.
No me sigo con algunas recomendaciones para mejorar que estoy para que me las hagan. Lo que sí espero tampoco piensen que ahorita estoy con los pelos de punta y dando de patadas a la pared: anoche, después de 2 semanas, dormí placidamente 5 horas de seguidito y en su momento. Y al despertar, el mundo seguía estando en su lugar. Que alivio.