La blogósfera tiene sus formas de cobrarse

A personas de mi calaña, sí, capaces de dejar en la temporal orfandad algo creado y alimentado con tanto cariño como un blog, y con mayor razón, uno como éste, en serio, tendría que sometérsenos al peor de los castigos, al repudio social.

Sin embargo, la vida es sabia, y trasmina hasta en sus réplicas virtuales (como es en este caso la blogósfera) de justicia a aquellos como yo, y de buenas a primeras puedo apreciarlo en 2 modos -habrá muchos otros-:

  1. Perder el aprecio (incluso el cariño) de los lectores habituales, que tarde que temprano terminarán por decepcionarse de aquel que nos les corresponde en fidelidad.
  2. ¡El spam! Ese cuasiorgánico ente que pupula en demasía a través de comentarios de la más variada índole menos de la que se trata en el artículo atacado. Y, me animo a decir que más doloroso que el spam sistemático y robotizado, ese que te cuelga comentarios los más variopintos idiomas, resulta el spam manual, en el que apelo un sujeto(a) llega  (perdón por la expresión) y mea en tu blog diciéndote tácitamente: “Aquí dejo mi marca”.

Pero mexicanamente diríamos: la culpa la tiene tanto el indio como el que lo hace compadre (en otras latitudes se referirían a: tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata); por ende, un blog que acuse de falta de capitán es viable a ser meado, como estos días anteriores mi querido Blog en Serio lo fue. Ello también me ha orillado a retirar el twitter de los 1.0, que tuvo su momento álgido -Abraham Maslow se hubiese referido a él como su experiencia pico- pero con las que estamos sirve para poco menos que nada, o bueno, sí: encontrarse en él perlas de este calibre:

Que alguien me explique: ¿Cómo puedes TÚ MISMO “encontrar de casualidad” TU BLOG?