Compartía en su último artículo Leo Babauta -viejo conocido de los metidos en el tema-:
Encuentra tu voz. Se trata de encontrar un tono de conversación, pero aún más: usted tiene una voz única, y esa voz habla al lector, en su cabeza, mientras lee sus mensajes. Usted necesita aprender a encontrar su voz, mediante la experimentación, ensayo y error. Cuanto más se escribe más emergerá.
Y si bien respetando este principio respecto a la voz y estilo que cada uno va acuñando, no podemos prescindir de ciertas “reglas elementales” en favor de -llamémosle técnicamente- la usabilidad de tu lectura. Ya en días pasados la maestra del web Stephanie nos acercaba consejos para manejar un lenguaje claro, sencillo y directo en el contenido.
Acá te presento, manteniendo la idea, lo que Daniel Cassany denomina las cinco faltas más corrientes del párrafo, ese pelotón de palabras en el que vamos acomodando nuestras ideas:
- Desequilibrios. Mezcla anárquica de párrafos largos y cortos sin razón aparente.
- Repeticiones y desórdenes. Se rompe la unidad significativa por causas diversas: ideas que debieran ir juntas aparecen en párrafos distintos, se repite una misma idea en dos o más párrafos, dos unidades vecinas tratan el mismo tema…
- Párrafos-frase. El texto no tiene puntos y seguido; cada párrafo consta de una sola frase, más o menos larga descomponiéndose su significado en una lista inconexa de ideas.
- Párrafos-lata. Párrafos excesivamente largos que ocupan casi una página entera, que adquieren la apariencia de bloque espeso de prosa y suelen contener en su interior diversas subunidades.
- Párrafos escondidos. El texto está bien ordenado a nivel profundo, pero resulta poco evidente para el lector, que tiene que leer muy atentamente para descubrir su estructura.
Que estas pequeñas pautas nos puedan servir para que esa voz propia no suene desafinada.

Imagen: Polloek